Comentario de Una educación
Al leer “Una educación” de la autora Tara Westover, me queda una sensación no tanto de la celebración de un triunfo sino de cierta paz como el descanso que llega tras la lucha, cuando has ganado algunas cosas y has perdido otras. Si lo leemos sin profundizar demasiado, podríamos quedarnos solo con la curiosa historia de una chica que logra escapar de los convencionalismos radicales de su familia, en un largo camino que la lleva desde las montañas de Idaho hasta la universidad de Cambridge, pero para mí va mucho más allá: se trata de la dura historia de alguien que tiene que destruirse a sí misma para luego construirse y revivir en una nueva identidad en la que necesariamente rompe con su pasado.
Me sorprende de este libro cómo la autora logra tomar distancia de sí misma en una obra autobiográfica. Su voz narrativa, en primera persona, es sorprendente y de una gran madurez literaria. Es muy fácil en este tipo de ejercicios dejarse llevar por la autocompasión, sin embargo su estilo es sobrio, austero, carente de metáforas melodramáticas o imágenes poéticas.
Su manera de contarnos la historia engancha y hace sentir al lector el asfixiante polvo del desguace o la tensión en las situaciones de peligro a las que somete su padre paranoico a ella y a sus hermanos. Pocos adjetivos, escasos adornos. La acción se relata de manera directa, cruda. Quizás sea ese el lenguaje del aislamiento en la montaña, la cual se convierte en frontera insalvable. El paisaje es un personaje más que da sentido a la historia. Sin ese escenario tan bien descrito, se hace difícil de entender la prisión sin puertas en la que se vio recluida la protagonista.
Y finalmente llegamos al fondo de la cuestión. ¿Qué nos quiere contar Tara? Utiliza su obra para poner al lector ante una decisión difícil de tomar: ¿lealtad a los tuyos o a tu propia supervivencia? Seguramente nos hemos visto en más de una ocasión en esa encrucijada, paralizados. Para Tara, la educación es el medio y la supervivencia el fin. Una educación que no está relacionada con los logros en forma de méritos académicos, sino como el inicio de un camino para mirarse a sí misma y al mundo con otros ojos, a encontrar palabras para poner nombre a lo que pasó. Tara Westover, en un artículo publicado en la revista The Irish Times, decía «Puedes amar a alguien y aún así elegir decirle adiós; puedes extrañar a alguien todos los días y aun así alegrarte de que ya no esté en tu vida». (Ref: https://www.irishtimes.com/life-and-style/people/you-could-miss-someone-every-day-and-still-be-glad-they-re-not-in-your-life-1.3393409)
A través de la educación, la protagonista consigue la libertad de poder elegir, de despedirse de aquella niña que vivió en las montañas de Idaho y que aún le saluda desde el espejo en el que se mira cada día, pero a su vez es consciente de que vive su nueva vida huérfana de una familia y de una realidad que, aunque violenta, era su vida.

Imagen descargada desde Google Images.
Un ejercicio de valor tanto por lo que hizo para escapar a esa vida embrutecida que le estaba destinada, como por escribirlo
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